10.1.07

La preocupación no me importa.

La oscuridad no me precupa. Me preocupa la luz. la oscuridad es solamente ausencia de luz. Pero la ausencia si me preocupa. La preocupación, no. Me es indiferente.

Sin embargo, la indiferencia me preocupa muchísimo. La considero una actitud vergonzosa. Aunque la verguenza no me preocupa. Antes sí, me preocupaba. Pero a mí me da lo mismo el antes, y el después, por que mi vida no es un continuo devenir de incertidumbres rumbo a una nada esplendorosa.
Por eso, la nada no me quita el sueño. El sueño, en cambio , es algo que sí me interesa. Hay noches en que me quedo sin dormir, pensando solamente en eso. No llego a ninguna conclusión, será por eso que las conclusiones, sean las que sean, me sacan de quicio, me exasperan.
Me gustan más las partidas, los puntos de partida. No por las partidas, que nunca son alegres: sí por los puntos.
Uno debe tratar de acumular puntos, siempre. No por los puntos en sí, es sólo por el placer de acumular. La acumulación entendida por una sola cosa, no es un cúmulo de otras. Yo, si pudiera, disgregaría los cúmulos.
Las cosas tienen que ir separadas, no juntas. Juntas forman otras cosas, y las otras cosas traen complicaciones.
Aunque yo a las complicaciones no les tengo miedo. Lo que me asusta es lo simple. Lo simple no se sabe de dónde sale, está ahi desde siempre, desde el vamos. Son un misterio.
Aunque los misterios, por suerte, no me interesan. Lo que sí me interesa, es la suerte.
Es una cagada, por que la suerte siempre es escasa. Y si dijera que no me preocupa la escasez, mentiría. Aunque no me preocupa mentir. A mi lo que verdaderamente me preocupa es la verdad.
Cuando miento, cero historia: puedo decir cualquier cosa. Aunque sea verdad, por que la digo de mentira.
Pero cuando hablo verdades, tengo que ir con sumo cuidado. Por si las moscas, en esos casos digo lo menos posible. después digo lo contrario, y ya tengo cubiertas las dos posibilidades.
Igual, no es que me quiera cubrir. A mi me gusta todo al aire libre.
Y si la luna se fué, mejor aún.

Por que a mí, me gusta la oscuridad. La oscuridad no me precupa. Me preocupa la luz. la oscuridad es solamente ausencia de luz. Pero la ausencia si me preocupa. La preocupación, no. Me es indiferente.

Palabras? No hay más!

Cuando el corazón, como hoy, está nublado, no deja escuchar los latidos de manera clara y contundente.
Cuando el piso se humedece con las lágrimas que ruedan por las mejillas, y los labios están fríos, y esa música que nunca podías escuchar, es escuchada..bueno, es ahí donde te invade la tristeza, y no podés sonreír.
Entonces te das cuenta que ese amor que se fué es simplemente , un sueño mal terminado...o quizás no terminado.

Lo peor es cuando empezás a caminar entre hojas muertas, y te das cuenta que estás empezando a ser parte del paisaje. Por que ahí, los sueños se transforman en pesadillas, y te persiguen dondequiera que vayas. Allí es donde descubrís que estás solo, que la indiferencia existe, y no forma parte más de tu vida, ella, la que se fué. Pura angustia.

Atrapado en una cárcel sin barrotes, sin custodios fuera, y sin lugar donde ir, eso, claro, si lográs escapar.

Son momentos de derrumbre total: los sueños e ilusiones se te ríen en la cara. te sentís inútil, y ya no ves la luz de antaño al final de la mirada.

Ni el dios Febo logra despertarte. estás sumido en el letargo de los deseos incumplidos. Empezás a vivir de recuerdos, tan bastardos, ellos, que siguen, pese a todo, arracándote lágrimas secas.
Esas lágrimas son incapaces de transmitir el amor que antes cargaban casi orgásmicamente.

Pero, hay un segundo, un instante, incluso una eternidad, en que la escapatoria es posible. Te la viene anunciando un jinete negro. Lo estabas mirando anunciar desde el valle donde habitabas, donde cohabitás con recuerdos, pensamientos, y emociones, donde tenemos el colrazón cansado de reposar, latiendo inútilmente sin condición alguna de haberlo hecho bien.

Son los momentos en que los labios hablan por nosotros, dodne los labios de los demás dicen lo que nosotros ya perdimos.

Momentos donde ya no hay más palabras.